Un útero artificial que podría salvar a muchos bebés prematuros

Los investigadores usaron un feto de cordero ya que es el que se asemeja más a los recién nacidos extremadamente prematuros de 23-24 semanas

Los avances de la medicina han conseguido llevar cada vez más lejos los límites de supervivencia de los bebés prematuros, aunque su calidad de vida futura suele estar asociada a complicaciones de salud debido a la inmadurez de sus órganos. Ahora, podríamos sumar una ayuda más: un útero artificial. Este dispositivo, que se encuentra en sus primeras fases de desarrollo, imitaría las condiciones del embarazo por unas semanas y “podría llegar a ser efectivo con niños extremadamente prematuros -aquellos que nacen entra las 23 a las 25 semanas de gestación-”, según un estudio que ha publicado esta semana la revista Nature Communications y que ha sido elaborado por investigadores del Hospital Infantil de Filadelfia, Estados Unidos. “Gracias a este nuevo dispositivo, estos pequeños podrían tener tiempo para desarrollar adecuadamente sus pulmones, su corazón, su cerebro y su frecuencia respiratoria, entre otros”, añaden los expertos.

“Hasta ahora, todos los sistemas que se usaban eran extracorpóreos y han demostrado un éxito limitado. Nosotros planteamos un sistema que incorpora un circuito de bomba de oxígeno hacia el feto de un cordero mediante un cordón umbilical artificial, un circuito por el que circula el líquido amniótico. El sistema se acerca mucho al entorno natural de un útero”, explican los autores. “El ambiente sellado y estéril está, además, aislado de las variaciones de temperatura, presión y luz, y particularmente de infecciones peligrosas”.

Los investigadores usaron un feto de cordero, ya que es el que se asemeja más a los recién nacidos extremadamente prematuros de 23-24 semanas, y demostraron “que puede estar en este entorno hasta cuatro semanas -unas 670 horas-”. Los corderos mostraron buenos resultados en relación con los niveles sanguíneos y de oxigenación y con la apropiada alimentación, estos mostraron un mejor desarrollo de los pulmones y crecimiento cerebral, entre otros.

El experimento iría dirigido a los nacidos antes de las 28 semanas, al entender los autores que más allá de este tiempo, “se traspasa una barrera a partir de la cual superan los riesgos más severos”. Según estos expertos, las muertes de estos prematuros lideran las estadísticas en el mundo occidental y es muy significativa la inmadurez de sus órganos, entre otros fallos funcionales. Cuando un bebé nace a las 22 semanas, pesa menos de 600 gramos y su supervivencia se sitúa entre el 30% y el 50%, pero su calidad de vida se ve muy afectada, debido a la cantidad de pruebas y tratamientos a los que son sometidos para estabilizarles y conseguir que sobrevivan.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prematuridad es la principal causa de defunción en los niños menores de cinco años, y provocó en 2013 cerca de un millón de muertes (últimos datos disponibles). Cada año nacen 15 millones de bebés antes de tiempo en el planeta. La OMS señala que el bebé prematuro se enfrenta a diversos problemas de salud como son la pérdida de calor corporal; tener más dificultades para alimentarse, y padecer infecciones graves con más frecuencia. En España nacen cada año unos 29.000 niños prematuros, es decir, antes de la semana 37 y representan el 75% de los ingresos hospitalarios en neonatos, según los últimos datos ofrecidos por la Sociedad Española de Neonatología (SENeo). En Europa, son 500.000 los que lo hacen anualmente.

En el estudio, los investigadores también explican cómo ha sido la evolución de su sistema durante tres años, a través de cuatro prototipos. Comenzaron con un tanque de incubadora de vidrio y así fueron avanzando hasta el dispositivo actual. Hasta llegar a estas conclusiones, han evaluado un total de ocho corderos.

Entre las dificultades técnicas que todavía quedan por superar, Nature Communications destaca que la conexión del útero artificial al neonato por medio del cordón umbilical “podría no ser posible”, así como la necesidad de desarrollar un líquido amniótico adecuado para los neonatos humanos, informa EP. Es un primer paso.

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